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domingo, 10 de agosto de 2014


Publico una e-mail que me escribió una mujer.


Apreciado Hermano en Cristo nuestro Amor y Señor,

Me llamo Alexandra y desde que era niña recuerdo que me he sentido un poquito atraída por la vida religiosa.  Sin embargo, me he distraído y el Señor me ha permitido deambular por otros caminos:  una carrera profesional con grandes honores (del mundo), una vida laboral prometedora con muchas comodidades y alegrías, y una vida puesta al servicio de los demás, a través de la organización laical a la que pertenezco y como profesora universitaria, lugar en el que ejerzo mi profesión.  Sin embargo, me ha mantenido libre de compromisos familiares, no tengo hijos, ni esposo.  Tenía 16 años cuando contemplé por vez primera la vida religiosa como una opción.  Hoy tengo 30 años y una gran duda sigue de vez en cuando rondando mi alma.

Imagínate!  Sé que el Señor me ama inmensamente y solo quiere lo mejor para mí.  Y no entiendo porqué cada cierto tiempo vuelvo y me siento atraída por la vida religiosa, en la que el Señor me invita a amarlo solo a Él, me invita a donarme a Él a través del amor a mis hermanos, especialmente aquellos que sufren por no saber de Dios.  El Señor me pide de beber como a la Samaritana, me recuerda que Él también se cansa del camino, y por ende siente sed, pero sed de almas y necesita de mi amor para hacer tangible su amor por los hombres.  Me dice que ni cinco maridos podrán darme del agua que Él si puede darme y que en ningún otro lado que no sea a su lado, podré encontrar quién muera cada instante de amor por mí.   Siento que "muero porque no muero" y entonces me pregunto ¿porqué esperar a la eternidad para ser solo de Dios? ¿Porqué no consagrarme en la tierra a ser una llama de amor que arda y se consuma por la salvación de mis hermanos? ¿porqué no ser aquí y ahora una adoradora en espíritu y verdad?

Y es que yo querido Cordialiter, yo no sé si me llama a través de la vida consagrada o si me llama a seguir siendo testigo de su amor en la vida que hoy tengo!   Buscando una respuesta, encontré tu blog y vaya que ha sido un lugar de fortaleza para mi corazón.  Por favor disculpa, pero siento que necesito desahogar esto que me atraviesa el alma y sentí que contigo podría hacerlo.  Nuestro Señor te hace un instrumento muy especial.  

Que atraviesa mi corazón? te lo diré.  Me siento como el joven del evangelio a quién el Señor le pide que venda todo y lo siga, y el joven... no es capaz!  Así me siento, me siento tan débil para dejarlo todo! No sé si es que espero que el Señor se me pase por delante como a San Francisco para poder abandonar las vanidades y banalidades del mundo por completo para entregarme a su amor.  No sé si mi corazón se aferra a la idea de una familia con esposo e hijos, y me aferro a la idea de que en el mundo también podré santificarme...  y mira que bueno es Dios, que en uno de tus blogs, el del 27 de junio, títulado Discernimiento Vocacional me dice que me engaño!

Quiera Dios que pueda discernir verdaderamente a qué estado de vida me está llamando.  Mientras seguiré leyendo tu blog, y nutriendo mi alma con las riquezas que en él compartes.  

Un gran abrazo lleno de la Luz y el Amor del Señor.

(Carta firmada)