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viernes, 6 de enero de 2017

Fuimos creados para la Eternidad


Carta sobre la vocación escrita por mi amiga Poitiers.


Querida hermana en Cristo,
                                          quiero decirte que está muy bien preguntarle a Dios qué quiere para nosotros, cuál es Su Voluntad para nuestra vida, y para cada día, pero sin agobiarnos, sin perder la calma, la paz. Dicen los santos que todo aquello que quita la paz no viene de Dios.

Dale gracias a Dios porque a lo largo de tu vida, no ha permitido que te alejes completamente de él. Eso es una gracia que no debes desperdiciar. Dios nos creó y nos puso en este mundo para algo, con un fin, un objetivo. Y ese fin es Él. San Agustín lo sintetiza muy bien con estas hermosas palabras “Nos hiciste para Ti Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Y creo que esa es la respuesta a tus inquietudes.

No olvides que estamos en esta vida de paso, que fuimos creados para la Eternidad; que Jesús nos manda ser perfectos, como Su Padre lo es. Lo importante es ser santa. ¿No sabés a qué vocación concreta te llama Dios? Pero tenés la certeza de que te quiere santa, te llama a la perfección, y eso en la vocación que tengas, en la profesión y trabajo que estés. Cada día, cada instante debés buscar la santidad, la mayor gloria de Dios. Preguntarte qué quiere Dios de ti, aquí y ahora. La vocación es un medio, para alcanzar el fin que es Dios. 

Respecto a tus deseos de vida religiosa, seguramente deben ser muy agradables al Señor. Decía San Juan de la Cruz que Dios tiene en mucho que un alma tenga deseos de consagrarse a Él. Pero como te dije antes, la vocación es un llamado de Dios, es Él quien toma la iniciativa, el que llama. Y es algo personalísimo, entre Él y tu alma. Nadie puede decirte cuál es tu vocación, eso Dios lo muestra y lo deja ver al alma, cuando Él quiere. Para ello, te recomiendo especialísimamente que tengas un Director Espiritual. Un sacerdote de oración, santo, preparado, prudente, virtuoso, que pueda ayudarte y guiarte en el discernimiento de tu vocación, y en tu camino de fe.

Y sobretodo, la oración y los sacramentos. Debe ser la oración el aire que respiras, el alimento de tu alma. Decía Santa Teresa de Jesús que es la oración tratar de amistad con Quien sabemos que nos ama. 
La Santa Misa, la Comunión y Confesión frecuentes, la Visita al Santísimo Sacramento, el Santo Rosario, lectura espiritual... No dejes por nada la oración. Es allí donde tienes el encuentro personal con Cristo, a quien amas y deseas agradar. Él está empeñado en tu felicidad más que tú misma.

Cuida mucho la vida de gracia, no olvides que tu alma es templo de la Santísima Trinidad. Decía Santo Domingo Savio que prefería mil veces morir a pecar. Confía mucho en Dios, siempre, no te desanimes. Ten la determina determinación de ser santa allí donde estés. Ve en los demás a Cristo, a almas por las que Cristo derramó toda su sangre. Sé para ellos cual otro Cristo. Busca la santidad, alcanzar el Cielo. Sé santa. No olvides que Dios no te pide más de lo que puedes darle, pero tampoco menos. Y Dios te mostrará cuál es la vocación a la que te llama. Pregúntaselo en la oración. Pide que te la muestre. Pero mientras, sé santa en tu situación actual. Cuenta con mis oraciones, por ti y por tu búsqueda. Y me encomiendo a las tuyas. Recuerda mucho a la Virgen cada día. 

Un abrazo en Cristo y María.

Poitiersl